<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>Dara Komabo &#8211; Con Sentido</title>
	<atom:link href="https://consentidomedios.uy/tag/dara-komabo/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>https://consentidomedios.uy</link>
	<description>Periódico de distribución gratuita en San José</description>
	<lastBuildDate>Tue, 03 Dec 2019 16:53:58 +0000</lastBuildDate>
	<language>es-AR</language>
	<sy:updatePeriod>
	hourly	</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>
	1	</sy:updateFrequency>
	<generator>https://wordpress.org/?v=6.6.5</generator>

<image>
	<url>https://consentidomedios.uy/wp-content/cache/thumbnails/2019/02/cropped-LOGO-CON-SENTIDO-1-3-32x32.png</url>
	<title>Dara Komabo &#8211; Con Sentido</title>
	<link>https://consentidomedios.uy</link>
	<width>32</width>
	<height>32</height>
</image> 
	<item>
		<title>De contrapunto</title>
		<link>https://consentidomedios.uy/de-contrapunto/?utm_source=rss&#038;utm_medium=rss&#038;utm_campaign=de-contrapunto</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[adm]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 03 Dec 2019 16:53:58 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Columnas]]></category>
		<category><![CDATA[Columna]]></category>
		<category><![CDATA[Dara Komabo]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://consentidomedios.uy/?p=1617</guid>

					<description><![CDATA[-Amigo, por si se atreve, aguárdeme en San José, que yo lo voy a buscar para cantar con usté. &#8230;sepa el cantor sombrío que yo&#8230; ]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>-Amigo, por si se atreve, aguárdeme en San José, que yo lo voy a buscar para cantar con usté.</p>
<p><strong>&#8230;sepa el cantor sombrío que yo cumplo con mi ley y como canté con todos tengo que cantar con él.</strong> (1)</p>
<p>Por: <strong>Dara Komabo</strong>. Diciembre 2019.</p></blockquote>
<p>Aquel miércoles, entre las ramas de los árboles de la plaza, brillaba un cielo azul parejo. En la penumbra del Café, Miguel estaba sólo atrás del mostrador. Era temprano. Los coches de la madrugada habían pasado ya y la caja estaba flaca. Un café, dos cortados con sendas medialunas, agua p&#8217;al mate y dos pan con grasa. A las 10 pasaba alguno, pero solía ser chauchón. Al medio día podía esperar que repuntara algo. Tan &#8216;en-mi-mismado&#8217; estaba que no lo vio llegar, no lo oyó saludar. Cuánto llevaba sentado en la mesa de la barra. Cuando caigan me van a tirar la bronca pensó; sin decir nada. No tenía con quien hablar y al raro forastero ¿qué podía decirle? El café está vacío. Fue a atender a su cliente; miró el gran reloj Cu-Cu recostado a la pared del fondo con notorio desgano. Las 10 y 32. &#8211; Buenos días ¿qué le sirvo?</p>
<p>Súbito un hombre en la puerta: alto y flaco en su postura, ojos negros, pelo negro, frente amplia sin arruga.</p>
<p>Miguel oye, preocupado, el Cu-Cu que da la hora: 5 y 10. Amanece. El comercio ya está abierto. No recuerda haber llegado. Más tarde dos parroquianos comparten la soledad. Ambos tienen guitarra y van a cantar. Sorpresa del cantinero que no ha sentido pasar el tiempo de tal forma; los amigos, en su mesa no paran de charlar. Los forasteros han cambiado de lugar; el galán triste, la ventana del oeste. En la del norte, el hombre flaco. El rasguido y el punteo de las guitarras rebota contra las paredes. Ajenos a todo, los amigos, siguen con su partida de mus. ¿Cuándo llegaron?</p>
<p><strong>-En la noche más oscura no quiero ocultar mi sombra ni me espanto de la suya. </strong></p>
<p><strong>-¿Qué culpa tengo, señores, si me encuentra el que me busca? </strong></p>
<p>La voz de uno, profunda sin ser ronca, suena baja. La del otro cantor, suave, aterciopelada.</p>
<p>Si me encuentra el que me busca es el susto que lo ciega. Falta un cuarto pá&#8217;la una cuando la gente se apea, cuando el espanto sin rumbo hasta la plaza se allega.</p>
<p>Del bus del mediodía no bajó nadie; simplemente éste aminoró, como dudando de la parada de siempre y siguió de largo.</p>
<p><strong>-Yo soy como el espinillo que en el campo se florea: le doy aroma al que pasa y espino al que me menea. </strong></p>
<p>Afuera parece haber llegado el invierno. En su mesa de siempre dos amigos juegan una enredada partida de ajedrez bajo la mirada concentrada de otros tres. No reparan en el extraño contrapunto.</p>
<p><em>-Me gusta cantar al raso de tarde cuando ventea porque así es como se sabe quién mejor contrapuntea.</em></p>
<p>El viento sacude las amplias ventanas, castiga los árboles de la plaza desierta. Un rayo de espanto precede al trueno.</p>
<p><strong>-Ni que yo fuera lechuza en campanario de aldea para cantar en lo oscuro con esta tarde tan fea. </strong></p>
<p>En la voz suave se cuela la impaciencia del hombre delgado, que, con un sombrero gris de ala desproporcionadamente ancha, se hace más bajo. Como de bromas canta.</p>
<p><strong>-No hay espuela que me apure ni bozal que me sofrene, ni quien me obligue a beber una copa que otro llene. </strong></p>
<p>Pálido, el atildado personaje oscuro del que nadie vio la cara, retruca una octava más arriba.</p>
<p><em>-Si su destino es porfiar aunque llueva y aunque truene yo no le vengo a brindar p&#8217;a sus lágrimas pañuelo. </em></p>
<p><em>-A mí no me espantan sombras ni con luces me desvelo&#8230; </em></p>
<p>Ahora parece más alto todavía pero la voz sale como un arrullo, casi.</p>
<p><strong>-¿Con qué se seca la cara el que no carga pañuelo? ¿Pá&#8217;qué se limpia las patas si va a dormir en el suelo? </strong></p>
<p>Miguel comienza a disfrutar la extraña payada y sonríe, aunque siente mucho frío. ¿Cuándo se fueron todos los demás? Es noche cerrada y el Cu-Cu ya no marca las horas.</p>
<p><em>-El que va a dormí en el suelo pega en la tierra el oío: si tiene el sueño liviano nunca lo matan dormío. </em></p>
<p>Uno calmo y seguro, los largos dedos acarician las cuerdas, el punteo es alegre y el rasguido limpio. El otro luce camisa de seda muy blanca; pantalón negro, estrecho y brillante, el chaleco de cuero oscuro, negro&#8230;</p>
<p>Más negro que la noche que apagó todas las luces de la plaza. Ahora solo ilumina el local la luz de dos candiles.</p>
<p><strong>-Me gusta escuchar el rayo aunque me deje aturdío, me gusta correr chubasco si el viento lleva lo mio. </strong></p>
<p>Las palabras cortan el aire espeso de la hora incierta en que la noche se apresta a retirarse.</p>
<p><strong>-Puñal, sáquelo si quiere a ver si repongo el mío. Duele lo que se perdió cuando no se ha defendío. </strong></p>
<p><strong>-Ahora verán, señores, al Diablo pasar trabajo&#8230; </strong></p>
<p><em>-Aquí saben los señores que cuando la punta encajo al mismo limón chiquito me lo chupo gajo a gajo. </em></p>
<p>El tiempo parece detenerse nuevamente. No retrocede, pero tampoco avanza. La lucha que ha tomado infinitas formas en incontables ocasiones se desarrolla sin prisa, sin descanso ni treguas.</p>
<p><em>-Qué tenebroso el camino que nunca desandará, Ya no valen su baquía, su fe ni su facultá&#8230; </em></p>
<p><strong>-Mucho gusto en conocerlo tengo, señor Satanás &#8230;Sácame de aquí con Dios, Virgen de la Soledá.</strong></p>
<p>Juan toca con delicadeza el hombro de Miguel para despertarlo.</p>
<p>&#8211; ¡Me dormí&#8230; Qué sueño más extraño tuve&#8230;!</p>
<blockquote><p>(1) Agradecido a <strong>Alberto Arvelo Torrealba</strong>, autor venezolano de &#8216;Florentino y el diablo&#8217; que sirve de base a esta versión libre de esa popular historia.</p></blockquote>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Domingo húmedo de insegura primavera</title>
		<link>https://consentidomedios.uy/domingo-humedo-de-insegura-primavera/?utm_source=rss&#038;utm_medium=rss&#038;utm_campaign=domingo-humedo-de-insegura-primavera</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[adm]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 10 Nov 2019 17:28:02 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Arte y Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Columnas]]></category>
		<category><![CDATA[Columna]]></category>
		<category><![CDATA[Dara Komabo]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://consentidomedios.uy/?p=1491</guid>

					<description><![CDATA[Como en el rostro de un niño las lágrimas hacen pequeños senderos líquidos y se deslizan hacia abajo, así, en la ventana del viejo café,&#8230; ]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Como en el rostro de un niño las lágrimas hacen pequeños senderos líquidos y se deslizan hacia abajo, así, en la ventana del viejo café, el agua de lluvia escurría en ridículos riachuelos y entraba por el borde de la madera que estuvo pintada de verde inglés un montón de años atrás. En ese borde se amontonan las gotas para filtrarse adentro. El viento sacude los cristales. Todos pensaron quedarse en sus casas pero vinieron. Como los paraguas de esos fieles creyentes que caminan presurosos hacia el atrio, enfrentando el viento que quiere darlos vuelta o levantar alguna falda que agarre distraída o, en complicidad con ese auto que pasa rápido y contra el cordón, mojar algún distraído. Que nunca faltan, por cierto, distraídos y distraídas hasta para concurrir a misa. Ellos están también en su propio templo, refugio de creencias en vías de extinción.</p>
<p>Escribe: <strong>Dara Komabo</strong>.</p></blockquote>
<p>No hace tantos años ocupaban 3 o 4 mesas y hasta más. Eran una barra bulliciosa que se peleaba a los gritos por el cuadro o la piba de sus amores y hasta por la política. Pero eso menos, claro. Jugaban al truco, al mus, al tute de remate, las damas o el ajedrez. Las tenidas de dominó, que solían durar horas, eran un memorable recuerdo. Como tantas cosas, si acaso, recuerdos. Ahora intentaban amucharse, los 4 o 5 veteranos que iban quedando, alrededor de una mesa, junto a la ventana que da a la plaza, para lechucear la entrada a misa.</p>
<p>Desde hacía algún tiempo un nuevo parroquiano concurría al café. Pronto habían averiguado algunas cosas sobre el forastero extraño que saludaba con una breve inclinación de cabeza. Mirada enigmática la de esos ojos siempre entrecerrados en el marco de un rostro inmutable y bajo la sombra de un viejo sombrero de fieltro y copa redonda.</p>
<p>El negro jefe o el indio jefe parece que le decían en Cerro Largo de donde era oriundo. Tenía el pelo negro y enrulado; de complexión robusta, se le notaba en el caminar que era hombre de a caballo. -Tiene los pómulos salientes. &#8211; Se le nota la raza. &#8211; Sí. ¿Cuál? &#8211; Todas. &#8211; Tiene la mirada astuta y alerta del perro callejero&#8230; Pronto la curiosidad pudo más que ese indefinido &#8216;sentirlo diferente&#8217;. Ellos eran nietos o hijos de inmigrantes: gallegos, vascos, tanos&#8230; Rafael era nieto de un rumano que se casó con una &#8216;rusa&#8217; proveniente de Odesa. La otra abuela, de exquisita cultura &#8211; dicen que venía de una familia judía de burgueses adinerados -, del otro abuelo no estaba clara la procedencia.</p>
<p>El padre de Rafael era argentino y la madre yanqui. Sí, su madre nació en los mismísimos EE. UU. Muchas veces hablaron de patrias y pertenencias -de raíces lejanas- estos amigos de tan distintos orígenes. Lo cierto es que, un buen día, organizaron una delegación y lo invitaron a compartir la mesa de los domingos. &#8211; Se va a sentir como sapo de otro pozo. &#8211; Se va a sentir bárbaro. &#8211; Depende de nosotros. Y así fue como el taciturno personaje se incorporó a la rueda.</p>
<p>Temible con la baraja resultó el hombre, que parecía conocerlas por el lomo. Jugaba a las damas y muy bien, por cierto. Al ajedrez no. Nunca jugó. Si venía bien la mano se juntaban entre semana para practicar alguno de aquellos deportes y &#8216;El Jefe&#8217; como le apodaron, se entreveraba bien. Hablaba poco pero era rápido para retrucar, incisivo, cortante, con un humor oscuro y diferente, que encantaba a sus nuevos amigos.</p>
<p>Un día, el Jefe apareció con una caja &#8216;medianona&#8217;. De allí sacó, ante la expectativa generalizada, dos tazones de madera dura llenos de piedritas. En uno blancas y en el otro negras. También había en la caja un cartón doblado en cuatro, con una sencilla cuadrícula de 64 intersecciones por lado. Las reglas del milenario juego chino resultaron tan sencillas que todos quedaron jugando de inmediato. Pero como suele suceder detrás de las cosas sencillas se ocultan, cómodas, las más enigmáticas complejidades. Pronto se dieron cuenta que &#8216;dominar el territorio&#8217;, objetivo del juego, requería de un sentido estratégico, metódico y paciente.</p>
<p>Las complejidades del nuevo juego atraparon a los contertulios y llamaban la atención de quienes pasaban por allí. Hay que decir que el café subsistía porque en la puerta paraban los buses que atravesaban el pueblo. Los que iban del sur al norte y los que bajaban del norte rumbo a la capital. Para el este o para el oeste, prácticamente no había transporte público. La gente venía a esperar la salida o la llegada y se tomaba un cortado con alguna medialuna rellena, los más pudientes un capuchino con un &#8216;sanguiche caliente&#8217;. Bizcochos y agua caliente p&#8217;al mate era el menú más accesible. En el Café la rueda del Go se expandía. Venían veteranos, maestras jubiladas y jóvenes estudiantes, trabajadores, vecinos&#8230;</p>
<p>Todas y todos parecían querer aprender el nuevo juego, que con miles de años de historia, era la &#8216;novedad&#8217; en nuestra ciudad. De vez en cuando aparecía alguien que decía saber jugar y a nadie se le negaba el placer de un desafío. El Jefe daba cuenta de todos y todas, porque también había mujeres que lo jugaban. Un día, se bajó de un coche que venía de Young un hombre viejo, de notorias facciones orientales que fue al baño y al salir percibió la rueda y vio que estaban disputando una partida de Go. El guarda lo llamó con insistencia. Absorto en el análisis de la situación que mostraba el tablero, el pasajero no le contestó. Con un gesto, entre fastidio y sorpresa, bajó el bolso de su pasajero, lo dejó en el piso y con un encogerse de hombros se marchó.</p>
<p>Terminó la partida, hasta donde pude entender: bastante pareja. El chino se acercó y saludo con un breve gesto a nuestro &#8216;maestro local de Go&#8217;. El desafío estaba planteado y un par de horas después, todos nos sentíamos marginados por las inabarcables complejidades de la partida. Por el rostro de El Jefe se deslizó una gota de sudor. La concentración que reflejaba el ceño fruncido de su oponente era absoluta. Entonces el chino se paró, saludó al Jefe con una inclinación profunda del torso, éste devolvió el saludo de idéntica manera. Se separaron con profundo respeto y en perfecto silencio. Nunca se supo quién ganó esa partida. Al Jefe no lo vimos más por el café. Tampoco por el pueblo.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>El profesor y el cuidacoches</title>
		<link>https://consentidomedios.uy/el-profesor-y-el-cuidacoches/?utm_source=rss&#038;utm_medium=rss&#038;utm_campaign=el-profesor-y-el-cuidacoches</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[adm]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 07 Aug 2019 17:46:59 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Arte y Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Columna]]></category>
		<category><![CDATA[Dara Komabo]]></category>
		<category><![CDATA[literatura]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://consentidomedios.uy/?p=1058</guid>

					<description><![CDATA[Escribe: Dara Komabo. Todos los días lo miraba venir. Caminaba lento; milagrosamente lograba esquivar baldosas levantadas, pozos, montículos e infaltables soretes de perro, los más&#8230; ]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Escribe: <strong>Dara Komabo</strong>.</p></blockquote>
<p>Todos los días lo miraba venir. Caminaba lento; milagrosamente lograba esquivar baldosas levantadas, pozos, montículos e infaltables soretes de perro, los más bravos de evitar porque cambian de lugar. Nunca lo vio tropezar, ni vacilar siquiera. El viejo maldito veía a través del libro que siempre, siempre, venía leyendo. En invierno usaba gorra de paño, negra. Bufanda nunca. En verano lucía un pelo hirsuto cuyas puntas salían como ramitas de un nido de cotorras. Impeinable, pensaba María Rita que terminaba de barrer la vereda y se metía para dentro.</p>
<p>El viejo zapatero siempre estuvo allí. En un barrio donde todo cambiaba Isaías era lo inmutable. Siempre amable, de buen humor, buen conversador y mejor escucha. Cuando por culpa de los chinos se dejó de arreglar el calzado para tirarlo cuando se rompía, Isaías agregó quiniela, diarios y revistas a su negocio. Remigio llegó a la cuadra de arriba después que el estacionamiento tarifado. Los que venían a trabajar dejaban el auto allí para esquivar el pago.</p>
<p>La cuadra estaba siempre llena. Remigio era callado, grandote, serio, pelado y negro. Un negrazo cuya edad era un misterio tan grande como su origen. El marcado acento de su profunda voz se transformaba en temible rugido cuando era necesario: “Acá no” se escuchaba. Y se oía clarito en varias cuadras a la redonda cuando alguien osaba arrimarse, con intenciones poco claras, a uno de los vehículos confiados a su custodia. Y parecía que temblaban las paredes. Los que andaban en &#8216;la mala vida&#8217; no atracaban con Remigio.</p>
<p>Todo el mundo lo saludaba con respeto y las propinan eran tan generosas como eficiente su trabajo. Los comerciantes del barrio y algunos vecinos de toda la vida armaron una vaquita para arrimarle unos pesos todos los meses. Isaías y Remigio tomaban mate y jugaban al ajedrez cuando la cosa estaba tranquila. Si alguien se detenía para mirar, el juego se paraba. Ellos saludar, saludaban. A todo el mundo. Pero mover los trebejos y conversar, eso sí que no. Un día que pasaba el lector misterioso, sin desviar la vista de su libro ni detener el paso, dijo: &#8216;caballo a 5 torre&#8217;. María Rita miró sorprendida.</p>
<p>Isaías detuvo la mano sobre el alfil y miró con asombro a Remigio. “Tiene razón. Puta carajo” dijo. Los jugadores discutían la jugada con apasionada seriedad. `Es un genio´, dijo el ucraniano. `Efectivamente´, confirmó su contrincante. Y se levantó para ayudar al extraño personaje a sacar el auto, un Ford Anglia 1959 en impecable estado, como de colección, que manejaba el vejete lector. -Profesor, dele despacito que su coche tiene poca dirección. -Tranquilo. Está todo dominado. ¿Cómo sabés que doy clases? -¡Que voy a saber yo! Dije por decir nomás. -Hasta mañana, entonces. El profesor le dejó diez pesos, como todos los días, movió la mano con un distraído gesto de despedida y arrancó. ¿Profesor de qué? dijo María Rita con tono de respetuosa intriga. A ella le hubiera gustado jugar al ajedrez y conversar con sus vecinos, pero era muy tímida.</p>
<p>Nacida en Arbolito una localidad de Cerro Largo, sobre la cuchilla, junto a las nacientes del arroyo del Campamento y cerca de la ruta 8 a la altura del km 364, se vino a Montevideo a trabajar con cama, en casa de una estanciera viuda de la zona; tenía 14 años. La mujer la mandó a terminar la escuela y luego al liceo, hasta tercer año. Tenía muy buena memoria y una inteligencia prodigiosa. Hubiera querido estudiar más, mucho más. Como canta Zitarroza “cierto que quiso querer/pero no pudo poder”.</p>
<p>El barrio se levantaba temprano. Pero nadie sabía a qué hora llegaba el profesor a estacionar su viejo coche. Muy temprano sin duda. Seguro que trabajaba en el viejo edificio de la Facultad que estaba a la vuelta. Esa mañana amaneció toldado, era martes y amenazaba lluvia. María Rita asomó la nariz a la calle, el Ford negro estaba estacionado en su lugar de siempre. Cuando Isaías levantó la persiana María Rita barría la vereda por tercera vez.</p>
<p>Cuando llegó Remigio habían acordado que ella aprendería a jugar ajedrez, que participarían al cuidacoches de la novedad y que tenían, los tres, que hablar con el profesor. ¡A las cinco en punto de la tarde! asomó el libro por la esquina en las manos del profesor; luego de caminar poco más de 30 pasos, el distraído tuvo que hacerse cargo de la situación.</p>
<p>Como formando barrera Isaías, María Rita y Remigio, a pie firme, interrumpían el paso. -Buenas tarde profesor. -Tardes prof… -Buenas -Ustedes dirán -Usté, clase de qué… -Filosofía de la Economía. ¿Por? -Y eso… -¿Qué trata eso? -Por ejemplo… diga algo Don. Enrique paseó la mirada calma de sus ojos claros por el extraño terceto. -Usted ¿Cómo se llama? -Remigio señor. -¿Cuánto gana por día? Se hizo un incómodo silencio. Los tres se miraban entre ellos. La voz grave se escuchó muy bajita. -Siempre más de cuatrocientos. &#8211; Y saca algo por mes también. -Sí. Como ocho mil. Pero… ¿Por qué me pregunta? -Bueno. Según la ciencia económica usted es clase media. -¡Yo no señor! ¡De ninguna manera! Pobre y apenas. Saltó indignado el interpelado. Y agregó: “Cuido coches porque perdí mi trabajo señor profesor”.</p>
<p>Y el señor profesor, la voz profunda, lo masticó casi con rabia. Casi. Porque era un pan de Dios el hombre. Más bueno que grande y eso que era enorme realmente. También con calma Enrique les explica. “Según el Banco Mundial, y así se mide en todo el mundo, por encima de un ingreso de U$S 13 dólares per cápita y por día uno está en la clase media. Eso dicen los economistas, pero los filósofos sostienen que no podés ser pobre y clase media al mismo tiempo. ¿Se entiende?” La primera en soltar la carcajada fue María Rita, después la humanidad enorme de Remigio dejó escapar algo así como un entrecortado mugido.</p>
<p>Isaías fue más discreto, pero se le caían las lágrimas. -Hay que aprontar el mate que tenemos clases -¿Clases? -De ajedrez profe, de ajedrez…</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Como el colibrí</title>
		<link>https://consentidomedios.uy/como-el-colibri/?utm_source=rss&#038;utm_medium=rss&#038;utm_campaign=como-el-colibri</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[adm]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 28 Jul 2019 22:57:05 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Arte y Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Columna]]></category>
		<category><![CDATA[Dara Komabo]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://consentidomedios.uy/?p=984</guid>

					<description><![CDATA[¿Cuál es la excepción que confirma tus reglas? Porque seguro que tienes muchas y selectas normas que rigen tu conducta. Bueno&#8230; ¿máximas que al menos&#8230; ]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>¿Cuál es la excepción que confirma tus reglas? Porque seguro que tienes muchas y selectas normas que rigen tu conducta. Bueno&#8230; ¿máximas que al menos ordenan tus propósitos? Ganitas de ser un poquito diferente a vos mismo ¿tampoco? ¡Viste! ¡Viste! Todos tenemos grandes sueños, aunque sabemos que el trecho que falta &#8211; de este largo camino &#8211; es el más complicado por empinado, lleno de barro, y trampas.</p>
<p>Escribe: <strong>Dara Komabo</strong>. Junio 2019.</p></blockquote>
<p>Quizá tus reglas sean estrictas porque estás &#8216;convencide&#8217;* de que “El efecto mariposa” es una fuerza de la naturaleza y que la más nimia acción puede conmover el curso de la historia (de la tuya al menos). Y eso te preocupa. Transitas por la vida con cuidadosa atención a los pequeños detalles y mides los riesgos con un micrómetro. En fin&#8230; sos un/a desgraciado/a calculador/a y ni siquiera científica. Sólo una elemental calculadora barata.</p>
<p>Quizá eres una de esas personas que siguen siempre, sea cual sean las circunstancias, la estrategia del colibrí. ¡Cómo? ¡Nahhh! ¿De veras no sabes cuál es la estrategia del colibrí?</p>
<p>Te cuento querido/a lector/a.<br />
El bosque se incendia. Un rayo golpeó los pastos secos y pronto lo árboles se retuercen bajo el cruel castigo de las llamas. Los animales huyen despavoridos hacia el norte. Menos el picaflor que vuela raudo al sur&#8230; rumbo al incendio. Sin temor aparente a las llamas. Y luego vuela hacia el norte y ya está volviendo de nuevo y así los animales en fuga lo ven ir y venir batiendo sus alitas con increíble velocidad. Una cotorra parada sobre un pique lo mira. El colibrí vuela hacia una cantera cercana que está llena de agua y vuelve al centro del incendio. A la lora le brillan los ojos de curiosidad; emparejando el vuelo con alguna dificultad, le pregunta:<br />
-¿Qué hacés, inconsciente?<br />
-Voy a buscar agua a la cantera para volcarla en el incendio.<br />
-¿Y eso para qué va a servir?<br />
-No sé&#8230; Pero es lo que puedo hacer. Tú ¿qué estás haciendo?</p>
<p>Una gota en el mar o en un incendio ¿qué efecto puede tener?&#8230; ¿Puede tener alguno? No olvidemos el efecto mariposa: “El batir de las alas de una mariposa puede desencadenar un tornado al otro lado del mundo”. Si el ejemplo que significa la estrategia del colibrí es ampliamente adoptado, si todes hacemos lo que podemos – poco o mucho – para mejorar el mundo ¿qué cambios se pueden alcanzar? En primer lugar significaría un enorme cambio cultural. No es poca cosa asumir un compromiso con la realidad. Con cambiar la realidad en lo que sea necesario para poder vivir en ella. Porque si hay una emergencia ambiental que amenaza quemar la casa de todes es nuestra responsabilidad atender la emergencia.</p>
<p>La estrategia del colibrí: promover el compromiso y la solidaridad con el ejemplo no es fácil de adoptar. Si tu única herramienta es un martillo, entonces todos los problemas te van a parecer clavos. Hay que tener voluntad e imaginación. Para hacer posible hasta lo que parece imposible hay que confiar en el efecto mariposa y hacer como el colibrí.</p>
<blockquote><p>*¿Viste que inclusivo estoy? A mi edad es un mérito inmenso. Pero te confieso que no me sale fácil. Me cuesta mucho. Y, además, no me gusta.</p></blockquote>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Hablar frente al espejo</title>
		<link>https://consentidomedios.uy/hablar-frente-al-espejo/?utm_source=rss&#038;utm_medium=rss&#038;utm_campaign=hablar-frente-al-espejo</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[adm]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 04 Jul 2019 17:10:35 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Arte y Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Dara Komabo]]></category>
		<category><![CDATA[literatura]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://consentidomedios.uy/?p=877</guid>

					<description><![CDATA[En tanto camino recorrido, la vida me permitió escuchar los asertos más diversos, curiosos y distintos. “Creer en Dios es crearle”, decía Miguel de Unamuno.&#8230; ]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>En tanto camino recorrido, la vida me permitió escuchar los asertos más diversos, curiosos y distintos.<br />
“Creer en Dios es crearle”, decía Miguel de Unamuno. Entonces la realidad podría no ser más que un invento traicionero de nuestra imaginación. ¿Terrible, no? Si la realidad no la conocemos de forma clara y distinta ¿cómo cambiarla? Si no la cuestionamos ¿para qué cambiarla? me dijo en Buenos Aires una estudiante de Bellas Artes.<br />
“Ya casi estamos” dijo el enterrador y volcó otra palada en la tumba. Nos empeñamos en cumplir con las tareas más tristes de la mejor manera, aunque como dijo el poeta: “Para enterrar a los muertos como debemos cualquiera sirve, cualquiera&#8230; menos un sepulturero”. (León Felipe). Los asuntos serios requieren esfuerzos inteligentes y conscientes. El trabajo de un autómata nunca suplirá al verdaderamente humano. Este comentario lo hizo una niña de unos diez años, junto a la tumba de un viejo chamán, en Bolivia.<br />
“¡Cómo no va a saber de campo si heredó una estancia!”, afirmó convencido mi viejo amigo, cuando a su joven hijo lo revolcó contra el piso un caballo la primera vez que subió para recorrer “sus campos”. La herencia se fue al carajo, claro. Es uno de los primeros recuerdos que tengo de Uruguay.</p>
<p>Escribe: <strong>Dara Kobamo</strong>. Mayo 2019.</p></blockquote>
<p>El principio de Peter es de inexorable cumplimiento, afirma mientras revuelve el cafecito con el que culminamos un almuerzo en el Café de Paris de Ámsterdam. Memorables los &#8216;pappardelle&#8217;. “En una jerarquía, todo empleado tiende a ascender hasta su nivel de incompetencia”. Porque con el tiempo, todo puesto tiende a ser ocupado por un empleado que es incompetente para desempeñar sus obligaciones. Y el trabajo es realizado por aquellos empleados que no han alcanzado todavía su nivel de incompetencia. Si rige para un laburante cualquiera, cómo se aplicará para algunos políticos.</p>
<p>Como explicaba muy bien el Dalai Lama “Solo existen dos días en el año en que no se puede hacer nada: Uno se llama ayer y el otro se llama mañana.” Por eso hay que hacer lo que se debe, cuando se puede –hoy-. Además, hacerlo bien. Por todo esto, no se pueden dejar tareas delicadas en manos de “especialistas”, ni de las “jerarquías” responsables.</p>
<p>El viento frío sacude los altos árboles. El Alerce es un árbol majestuoso, hay ejemplares de 4500 años, 50 metros de alto y con troncos de 4 metros de diámetro. Los mapuches son un pueblo orgulloso con los que pasé un largo invierno. Sí, el mundo es complejo y hasta indescifrable; cada vez es más indispensable actuar con sencillez y sentido común. Aunque “el sentido común sea el menos&#8230;”.</p>
<p>Mientras la sociedad siga escupiendo marginados, embruteciendo la sensibilidad de las mayorías y funcionando para disfrute, goce y beneficio de una ínfima minoría, la seguridad será una quimera, la justicia una utopía y la igualdad un sueño imposible. Pero es como dijo Chicharito: hay que imaginar cosas “chingonas” y cambiar la realidad.</p>
<p>Quizá por eso admiro tanto a Marx. Lo conocí en Los Ángeles, creo que fue en 1976 y lo traté poco tiempo. Marx falleció el 19 de agosto de 1977 de neumonía y fue incinerado; sus cenizas, tras ser robadas en 1982 y devueltas la misma noche siguen en el Eden Memorial Park (Mission Hills, California). No hay una lápida que diga «Disculpe que no me levante», pero dijo un montón de otras cosas bien interesantes. Su hubiera vivido en esta época sería &#8216;El rey del Twitter&#8217;. Entre otras, Julius Henry Marx (Groucho) dijo: “¡Hay tantas cosas en la vida más importantes que el dinero&#8230; pero cuestan tanto!” Yo estaba con él cuando le dijo a una rubia platino “¿No es usted la señorita Smith, hija del banquero multimillonario Smith? ¿No? Perdone, por un momento pensé que me había enamorado de usted.” De alguna de sus afirmaciones me gustaría apropiarme.</p>
<p>“¿Por qué debería preocuparme por la posteridad? ¿Qué ha hecho la posteridad por mí?” Y de un amigo común comentó sin clemencia: “Él puede parecer un idiota y actuar como un idiota. Pero no se deje engañar. Es realmente un idiota.”</p>
<p>Por la profundidad de su pensamiento hubiera sido un político de primera línea. Conceptos como “El secreto de la vida es la honestidad y el juego limpio, si puedes simular eso, lo has conseguido.” o “La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados”, quedarán para siempre como consejos imperecederos. Sostuvo que “Es mejor estar callado y parecer tonto, que hablar y despejar las dudas definitivamente.” Algunos creían que era sólo uno más entre tantos; él refutaba: “Estos son mis principios. Si no le gustan tengo otros.” ¿Quién puede contradecirlo? “Sólo hay una forma de saber si un hombre es honesto: preguntárselo. Y si responde sí, entonces sabes que está corrupto.”</p>
<p>Fue un filósofo de enjundia. “Fuera del perro, un libro es probablemente el mejor amigo del hombre; y dentro del perro, probablemente, está demasiado oscuro para leer.”<br />
En su legado hay pensamientos como: “Hijo mío, la felicidad está hecha de pequeñas cosas: un pequeño yate, una pequeña mansión, una pequeña fortuna.” ¿Verdades de a puño?</p>
<p>Tenía claras algunas normas “Nunca pertenecería a un club que admitiera como socio a alguien como yo.” Teníamos mucho en común: “Todo lo que soy se lo debo a mi bisabuelo, el viejo Cyrus Tecumseh Flywheel. Si aún viviera, el mundo entero hablaría de él. ¿Que por qué? Porque si estuviera vivo tendría ciento cuarenta años.” Para mi cumpleaños me mandó una tarjeta que decía “Si sigues cumpliendo años, acabarás muriéndote. Besos, Groucho.” Le contesté con sus propias palabras “Tengo la intención de vivir para siempre o morir en el intento.”</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Aroma y color de una pequeña flor</title>
		<link>https://consentidomedios.uy/aroma-y-color-de-una-pequena-flor/?utm_source=rss&#038;utm_medium=rss&#038;utm_campaign=aroma-y-color-de-una-pequena-flor</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[adm]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 20 Jun 2019 01:40:43 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Arte y Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Dara Komabo]]></category>
		<category><![CDATA[literatura]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://consentidomedios.uy/?p=856</guid>

					<description><![CDATA[Largos viajes alternaron con permanencia en lugares muy diferentes. En todos lados aprendió la lengua y las costumbres básicas. Nadie como él para hacer una&#8230; ]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Largos viajes alternaron con permanencia en lugares muy diferentes.<br />
En todos lados aprendió la lengua y las costumbres básicas. Nadie como él para hacer una comida “típica de&#8230;”</p>
<p>Escribe: <strong>Dara Komabo</strong>. (Redactor de Uchqun”). Traducción: Derreca.</p></blockquote>
<p>En cualquier tierra que mis huesos recalen, se encuentra &#8216;mi lugar en el mundo&#8217;. Esto es un pueblo pequeño. Gentes sencillas, amables unos, gruñones otros, entrañables todos. Llevo poco equipaje como enseña el poeta español. Nunca falta, sin embargo, en la vieja maleta mi pluma, un frasco de buena tinta, papel acorde y un gajo de rosal. No cualquier rosal. Este de flores pequeñitas, trepa por las paredes y engalana los muros más viejos y maltrechos con sus colores y el canto de los pájaros que lo visitan al amanecer. Le cantan un rato y se van para volver de nochecita y arrullarlo. Y vuelven siempre a la mañana siguiente y así pasan los días. Es una vieja costumbre familiar. En casa de mis tatarabuelos había un rosedal inmenso y cuando llegó el tiempo del desarraigo se fue un gajo con cada miembro de la familia. Supongo que cada uno plantó el suyo cuando llegó a destino. Cada primo lejano, de los que se desperdigaron por el mundo, llevó las flores y el aroma conocido del hogar perdido&#8230;</p>
<p>Por eso me detengo ante cada muro al que se abraza algún rosal de flores pequeñas. ¿Será un gajo de los rosales que plantaron mis ancestros? Nunca toqué una puerta, ni saludé a la niña que asomada a la ventana aspiraba el perfume de las flores. Soy un hombre solitario rodeado de personas, papeles y recuerdos. Muchos recuerdos; demasiado. ¿Puede ser excesivo el número de recuerdos?</p>
<p>Recuerdo el color y el aroma de cada rosal que he plantado. Siempre en otoño. Cuando llega la hora de marchar, corto una rama, junto mis escasas pertenencias y sin mirar atrás sigo mi camino. Cuando llego al pueblito -a veces eso toma un buen tiempo- lo sé cuando encuentro el muro junto al que plantaré mi rosal de próximo flores pequeñas. Mi vida no se cuenta por años sino por floraciones. Llego en invierno. Consigo posada y permiso para plantar el gajo. Muchas veces lo miran con incredulidad, en especial, si el tiempo lo ha secado y nadie cree que de esa ramita muerta vuelvan a brotar hojas y flores.</p>
<p>Nunca falla, siempre prende y me regala flores de color diferente. Sería largo y aburrido relatar la sucesión de colores y matices que he visto florecer a lo largo de los años. Pero recuerdo cada uno de ellos y puedo evocar cada aroma. En la gama de los blancos el perfume es más ácido, más dulce los amarillos, los rojos fuerte y seco, los rosados, los celestes, naranjas&#8230; Cada uno con su propio matíz.</p>
<p>Cada tanto aparece algún color oscuro, casi negro. Las rosas negras tienen, aunque sean pequeñitas un aroma intenso, penetrante y perturbador. Siempre espero la tercera floración, corto un nuevo injerto y me marcho. No suelo despedirme. El adiós no asegura el olvido.<br />
De cada pequeño pueblo me voy con una historia. Pequeña y perfumada. Aferrada a una pasión mundana sí, pero llena de esa ternura que aparece entre espinas que suelen ser muy duras. Son historias escritas en papel que estuvo destinado a viejas cartas, son letras dibujadas con noble tinta por esta vieja pluma. La última, cuenta de un joven pescador que vive en Suriqui. Es una aldea que está en una isla del lago Titicaca, en Bolivia. Nadie pensó que la rosa trepadora prosperara y floreciera en semejante clima.</p>
<p>Ahora la miro. Un gajo recién plantado en un pueblo al que llaman &#8216;Villa Serrana&#8217;. Mañana brotará su primera hoja&#8230; Una niña me mira con más curiosidad que asombro. Mañana tendré una nueva amiga y quizá comience a escribir una nueva historia.</p>
<blockquote><p>Suriqui, es un milenario pueblo boliviano a orillas del Titicaca, el lago navegable más alto del mundo. Allí se construyen balsas y barcos de totora. Su nombre en aymara significa “lugar donde duermen los ñandús”.</p></blockquote>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>La sabiduría es un largo viaje sin destino</title>
		<link>https://consentidomedios.uy/la-sabiduria-es-un-largo-viaje-sin-destino/?utm_source=rss&#038;utm_medium=rss&#038;utm_campaign=la-sabiduria-es-un-largo-viaje-sin-destino</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[adm]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 03 May 2019 16:09:13 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Arte y Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Dara Komabo]]></category>
		<category><![CDATA[literatura]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://consentidomedios.uy/?p=679</guid>

					<description><![CDATA[Escribe: Dara Komabo. Redactor de “Uchqun”. Traducción: Derreca. Aburrido de la vida en las tolderías, se mudó al Sucot que hizo a la orilla del&#8230; ]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Escribe: <strong>Dara Komabo. </strong>Redactor de “Uchqun”.<br />
Traducción: Derreca.</p></blockquote>
<p><strong>Aburrido de la vida en las tolderías, se mudó al Sucot que hizo a la orilla del río en un resguardo que ofrecía la barranca. ¿Qué mejor para pasar horas de la noche o días de lluvia?*</strong></p>
<p>Cuando el tiempo lo permitía solía dar largos paseos por la orilla. La pesca, su habilidad para poner trampas a pequeños animales, la recolección de frutos y un modesto terreno cultivado proveían sus frugales necesidades. Ya próximo a cumplir 70 años, estaba en paz consigo mismo. Si las noches son propicias para observar los astros e interpretar su eterno vagar por los cielos, el viajero recuerda conversaciones y lecturas; en su murmullo, cree escuchar voces muy lejanas. Siendo niño en Strelkóvoye, aldea de Ucrania, un viejo rabino le explicó que según Nostradamus los nacidos bajo el signo de Aries, primer signo del Zodíaco, son líderes natos y tienen energía de sobra para encarar proyectos de los que el mundo se enorgullecería en el futuro. Años después, conoce la hospitalidad en la pequeña comunidad de Leshani, Macedonia y la obra de Hiparco, astrónomo, geógrafo y matemático griego (S. II a. C.).</p>
<p>Un Aries nunca desfallece; si hay problemas, busca vías alternativas y prefiere dar órdenes a recibirlas. Por eso está solo, camina por la orilla del Nilo, buscando; los hijos de la serpiente sagrada Apep, gozan de una extraordinaria inteligencia, llenos de estrategias y de poder. Por su signo de fuego necesita piedras rojas: rubí, granate, jaspe, heliotropo, cinabrio, ámbar, turmalina ópalo de fuego. Nada de eso ofrecían las costas del Río Ancho como Mar cuando el viajero miraba aquel cielo nocturno del sur, tan distinto al del norte aunque también parecía en sintonía con aquellos conocimientos o creencias ancestrales.</p>
<p>Se sorprendió con el horóscopo matemático de los aztecas, acorde al cálculo del tiempo. Para ellos, la caña era símbolo de luz y sabiduría, una metáfora del espíritu de las personas. Con su lado oscuro: por ser huecas simbolizaban la poca resistencia ante las inclemencias meteorológicas o los golpes del destino.</p>
<p>Del sacerdote shaolín, que le acompañó durante un largo trecho en su peregrinar, aprendió algo de artes marciales; por él supo que para los chinos era &#8216;búfalo de tierra&#8217;. “El búfalo, al ver cómo la rata se colaba entre sus patas y conseguía adelantarlo, enojado, decidió hacer valer su fuerza y, golpeando a los demás con sus cuernos, consiguió entrar el segundo en el palacio.” Por el año de su nacimiento, de acuerdo a las creencias que llegan desde el Japón, el viajero estaba bajo la protección del Roppaku Kinsei, (Metal Blanco). Estas personas se caracterizan por su lealtad, ser independientes y porque no les gusta sentirse presionados.</p>
<p>En los países nórdicos sintió la vinculación profunda de los hombres con la naturaleza. Los nacidos bajo el signo del avellano son encantadores sin pedir nada a cambio y siempre se muestran comprensivos. Saben cómo impresionar a la gente, hecho que les hace populares. Honestos y tolerantes, los ́avellanos ́ son seres con sentido de la justicia, comprometidos en las luchas sociales. Sin embargo, pueden llegar a ser temperamentales y caprichosos. Los de primavera son apasionados e inconstantes en el amor. Los otoñales son más fieles, generosos y serviciales. Son buenos amigos pero no aguantan exigencias. Para los celtas, tanto animales como árboles rigen el carácter humano.</p>
<p>Los nacidos bajo el signo del zorro son astutos y carismáticos. Están llenos de ideas, vigor e inteligencia y son una fuerza indomable. Con dones para contar historias, a partir de cualquier experiencia.</p>
<p>Del norte también son los vikingos, con Odín por dios supremo que gobierna la guerra y la poesía. Ofreció un ojo para tener más sabiduría. Fue el creador del mundo pero no esperes que baje de su caballo de ocho patas para ayudarte en un momento de necesidad. A pesar de su impresionante poder, la leyenda vikinga dice que al fin del mundo termina comido por un lobo.<br />
Los árabes hacen tres grupos en su horóscopo, cada uno con cuatro armas medievales: Cortas: cuchillo, puñal, alfanje y daga. Medianas: maza, clava, hacha y cadena. Largas: espada, lanza, honda y arco. Al viajero le correspondía el puñal. Bajo ese signo nacen personas impulsivas, espontáneas, amantes del riesgo y que les encanta vivir el día a día.</p>
<p>Es posible cerrar los ojos y mirar en lo profundo del corazón. Ubuntu es una regla ética sudafricana enfocada en la lealtad de las personas y las relaciones entre éstas. La palabra proviene de las lenguas zulú y xhosa. Ubuntu es visto como un concepto africano tradicional. Hay varias &#8216;traducciones&#8217; posibles del término al español, las más comunes son: &#8216;Si todos ganan, tú ganas. Yo soy porque nosotros somos y dado que somos, entonces yo soy. Nosotros somos, por tanto soy, y dado que soy, entonces somos. ́ Una persona con ubuntu es abierta y está disponible, respalda a los demás, no se siente amenazada cuando otros son capaces y son buenos en algo, porque está segura de sí misma pues sabe que pertenece a una gran totalidad, que decrece cuando otras personas son humilladas o menospreciadas, cuando otros son torturados u oprimidos.</p>
<p>Otros ejemplos: Rohayhu, del guaraní, es &#8220;la vida de la tribu y su voluntad de compartir la solidaridad entre iguales&#8221;. Ayni, palabra quechua, es principio precolombino de los pueblos andinos, de solidaridad económica y social entre las comunidades.<br />
Mediante el horóscopo, los distintos pueblos intentan predecir el futuro de una persona a partir de la interpretación de la posición relativa de los planetas del sistema solar y de los signos del zodíaco en el momento de su nacimiento. Lo sabemos, aunque no creamos.</p>
<p>* <em>Sucot significa en hebreo enramadas o cabañas hechas con ramas.</em></p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
	</channel>
</rss>
