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	<title>Columna &#8211; Con Sentido</title>
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	<description>Periódico de distribución gratuita en San José</description>
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	<title>Columna &#8211; Con Sentido</title>
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	<item>
		<title>De contrapunto</title>
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		<dc:creator><![CDATA[adm]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 03 Dec 2019 16:53:58 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Columnas]]></category>
		<category><![CDATA[Columna]]></category>
		<category><![CDATA[Dara Komabo]]></category>
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					<description><![CDATA[-Amigo, por si se atreve, aguárdeme en San José, que yo lo voy a buscar para cantar con usté. &#8230;sepa el cantor sombrío que yo&#8230; ]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>-Amigo, por si se atreve, aguárdeme en San José, que yo lo voy a buscar para cantar con usté.</p>
<p><strong>&#8230;sepa el cantor sombrío que yo cumplo con mi ley y como canté con todos tengo que cantar con él.</strong> (1)</p>
<p>Por: <strong>Dara Komabo</strong>. Diciembre 2019.</p></blockquote>
<p>Aquel miércoles, entre las ramas de los árboles de la plaza, brillaba un cielo azul parejo. En la penumbra del Café, Miguel estaba sólo atrás del mostrador. Era temprano. Los coches de la madrugada habían pasado ya y la caja estaba flaca. Un café, dos cortados con sendas medialunas, agua p&#8217;al mate y dos pan con grasa. A las 10 pasaba alguno, pero solía ser chauchón. Al medio día podía esperar que repuntara algo. Tan &#8216;en-mi-mismado&#8217; estaba que no lo vio llegar, no lo oyó saludar. Cuánto llevaba sentado en la mesa de la barra. Cuando caigan me van a tirar la bronca pensó; sin decir nada. No tenía con quien hablar y al raro forastero ¿qué podía decirle? El café está vacío. Fue a atender a su cliente; miró el gran reloj Cu-Cu recostado a la pared del fondo con notorio desgano. Las 10 y 32. &#8211; Buenos días ¿qué le sirvo?</p>
<p>Súbito un hombre en la puerta: alto y flaco en su postura, ojos negros, pelo negro, frente amplia sin arruga.</p>
<p>Miguel oye, preocupado, el Cu-Cu que da la hora: 5 y 10. Amanece. El comercio ya está abierto. No recuerda haber llegado. Más tarde dos parroquianos comparten la soledad. Ambos tienen guitarra y van a cantar. Sorpresa del cantinero que no ha sentido pasar el tiempo de tal forma; los amigos, en su mesa no paran de charlar. Los forasteros han cambiado de lugar; el galán triste, la ventana del oeste. En la del norte, el hombre flaco. El rasguido y el punteo de las guitarras rebota contra las paredes. Ajenos a todo, los amigos, siguen con su partida de mus. ¿Cuándo llegaron?</p>
<p><strong>-En la noche más oscura no quiero ocultar mi sombra ni me espanto de la suya. </strong></p>
<p><strong>-¿Qué culpa tengo, señores, si me encuentra el que me busca? </strong></p>
<p>La voz de uno, profunda sin ser ronca, suena baja. La del otro cantor, suave, aterciopelada.</p>
<p>Si me encuentra el que me busca es el susto que lo ciega. Falta un cuarto pá&#8217;la una cuando la gente se apea, cuando el espanto sin rumbo hasta la plaza se allega.</p>
<p>Del bus del mediodía no bajó nadie; simplemente éste aminoró, como dudando de la parada de siempre y siguió de largo.</p>
<p><strong>-Yo soy como el espinillo que en el campo se florea: le doy aroma al que pasa y espino al que me menea. </strong></p>
<p>Afuera parece haber llegado el invierno. En su mesa de siempre dos amigos juegan una enredada partida de ajedrez bajo la mirada concentrada de otros tres. No reparan en el extraño contrapunto.</p>
<p><em>-Me gusta cantar al raso de tarde cuando ventea porque así es como se sabe quién mejor contrapuntea.</em></p>
<p>El viento sacude las amplias ventanas, castiga los árboles de la plaza desierta. Un rayo de espanto precede al trueno.</p>
<p><strong>-Ni que yo fuera lechuza en campanario de aldea para cantar en lo oscuro con esta tarde tan fea. </strong></p>
<p>En la voz suave se cuela la impaciencia del hombre delgado, que, con un sombrero gris de ala desproporcionadamente ancha, se hace más bajo. Como de bromas canta.</p>
<p><strong>-No hay espuela que me apure ni bozal que me sofrene, ni quien me obligue a beber una copa que otro llene. </strong></p>
<p>Pálido, el atildado personaje oscuro del que nadie vio la cara, retruca una octava más arriba.</p>
<p><em>-Si su destino es porfiar aunque llueva y aunque truene yo no le vengo a brindar p&#8217;a sus lágrimas pañuelo. </em></p>
<p><em>-A mí no me espantan sombras ni con luces me desvelo&#8230; </em></p>
<p>Ahora parece más alto todavía pero la voz sale como un arrullo, casi.</p>
<p><strong>-¿Con qué se seca la cara el que no carga pañuelo? ¿Pá&#8217;qué se limpia las patas si va a dormir en el suelo? </strong></p>
<p>Miguel comienza a disfrutar la extraña payada y sonríe, aunque siente mucho frío. ¿Cuándo se fueron todos los demás? Es noche cerrada y el Cu-Cu ya no marca las horas.</p>
<p><em>-El que va a dormí en el suelo pega en la tierra el oío: si tiene el sueño liviano nunca lo matan dormío. </em></p>
<p>Uno calmo y seguro, los largos dedos acarician las cuerdas, el punteo es alegre y el rasguido limpio. El otro luce camisa de seda muy blanca; pantalón negro, estrecho y brillante, el chaleco de cuero oscuro, negro&#8230;</p>
<p>Más negro que la noche que apagó todas las luces de la plaza. Ahora solo ilumina el local la luz de dos candiles.</p>
<p><strong>-Me gusta escuchar el rayo aunque me deje aturdío, me gusta correr chubasco si el viento lleva lo mio. </strong></p>
<p>Las palabras cortan el aire espeso de la hora incierta en que la noche se apresta a retirarse.</p>
<p><strong>-Puñal, sáquelo si quiere a ver si repongo el mío. Duele lo que se perdió cuando no se ha defendío. </strong></p>
<p><strong>-Ahora verán, señores, al Diablo pasar trabajo&#8230; </strong></p>
<p><em>-Aquí saben los señores que cuando la punta encajo al mismo limón chiquito me lo chupo gajo a gajo. </em></p>
<p>El tiempo parece detenerse nuevamente. No retrocede, pero tampoco avanza. La lucha que ha tomado infinitas formas en incontables ocasiones se desarrolla sin prisa, sin descanso ni treguas.</p>
<p><em>-Qué tenebroso el camino que nunca desandará, Ya no valen su baquía, su fe ni su facultá&#8230; </em></p>
<p><strong>-Mucho gusto en conocerlo tengo, señor Satanás &#8230;Sácame de aquí con Dios, Virgen de la Soledá.</strong></p>
<p>Juan toca con delicadeza el hombro de Miguel para despertarlo.</p>
<p>&#8211; ¡Me dormí&#8230; Qué sueño más extraño tuve&#8230;!</p>
<blockquote><p>(1) Agradecido a <strong>Alberto Arvelo Torrealba</strong>, autor venezolano de &#8216;Florentino y el diablo&#8217; que sirve de base a esta versión libre de esa popular historia.</p></blockquote>
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		<title>El escritor encuentra la carta perdida</title>
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		<dc:creator><![CDATA[adm]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 02 Dec 2019 15:50:37 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Arte y Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Columnas]]></category>
		<category><![CDATA[Columna]]></category>
		<category><![CDATA[literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Mirtana López]]></category>
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					<description><![CDATA[Las Cartas que no llegaron. Escribe: Mirtana López. Diciembre 2019. Roberto Appratto es profesor, crítico, traductor y poeta uruguayo. Como inicio de “La carta perdida”,&#8230; ]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Las Cartas que no llegaron.<br />
Escribe: <strong>Mirtana López</strong>. Diciembre 2019.</p></blockquote>
<p>Roberto Appratto es profesor, crítico, traductor y poeta uruguayo. Como inicio de “La carta perdida”, una de sus últimas novelas, sitúa a su personaje, un jubilado sesentón que desayuna en su apartamento de Pocitos ante el televisor, en tanto mira los estantes de sus libros, en especial los de poesía. Como vive solo “es el único responsable del orden y la disposición de los objetos de la casa”. De un estante sobresalen de forma desprolija unas hojas de papel, “pero no se levanta para acomodarlas”.</p>
<p>Predomina la tranquilidad en esta forma de comenzar el día. Sin embargo, el personaje está atravesado por el sedimento de los últimos sueños, de los recuerdos que los originaron, de monólogos, diálogos del pasado con una mujer “con la que estuvo saliendo un tiempo” que marcaba su vida y su incapacidad de encarar en serio cualquier relación afectiva. Recién después sabemos que tiene dos hijos y dos matrimonios pero “ningún interés en convivir con nadie”. Mientras se cambia para su caminata matinal, vuelve a ver los papeles que sobresalen; recuerda que son unos apuntes “sobre el autor del libro del que sobresalen, que es Borges”.</p>
<p>En un pequeño primer capítulo, Appratto ha mostrado la rutina, los gustos, los fantasmas de Ricardo Ferrari, las sugerencias ficcionales. Junto con la caminata, en el segundo, comienzan los hechos. De lo cotidiano y vulgar, nace lo extraordinario: una carta que sobresale del contenedor, dirigida a su padre, Augusto Ferrari Brown, a quien le dice: “Usted es un canalla, una mala persona&#8230; Sería bueno que sus hijos lo supieran”.</p>
<p>A sus reacciones posteriores, a su propia historia y apoyo psicológico, están dedicados los capítulos 3 y 4 de la Primera parte que continuará recorriendo diferentes y concretos cauces narrativos. Dentro del ahondamiento en sus propios recuerdos, las especulaciones sobre la verosimilitud de la misma, la frialdad de las relaciones familiares y su mundo de silencios. La participación externa cuando la va dando a conocer; a su amigo Carlos, a su hija Virginia a su hijo Pedro.</p>
<p>La aparición de una realidad diferente, desconocida hasta ahora, que permite al autor, bucear en los caminos de la creación: “Donde todo se sabe, no hay narración posible, como dice un novelista que admira mucho, Cormac Mac Carthy”. El surgimiento y abandono de diferentes hipótesis posibles y sucesivamente abandonadas, como en toda buena novela policial. En la que no hay, realmente, detective ni cadáver. “Algo se está escribiendo sin él en todo esto, y él es solamente un espectador”. Es esta reflexión una inspiración para la segunda parte. Tanto el relator como el lector pueden vivir experiencias decisivas para la pesquisa en tanto aparecen los vínculos con los dos hermanos que viven en el extranjero, sus recuerdos, opiniones e interpretaciones. Que, en definitiva, sobrevuelan y generan realidades.</p>
<p>La carta perdida, que fue conocida aunque no recibida directamente por sus destinatarios, es un dato enviado desde otra realidad, que cada uno ve, interpreta y resuelve, de formas diferentes. Esta novela, no policial en sentido estricto, se encarga de mantener los posibles secretos, más que de develarlos. En especial, los de la escritura.</p>
<blockquote><p>Roberto Appratto: “La carta perdida”.</p></blockquote>
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		<title>El deporte debe ser política pública</title>
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		<dc:creator><![CDATA[adm]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 29 Nov 2019 16:03:02 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Deportes]]></category>
		<category><![CDATA[Columna]]></category>
		<category><![CDATA[deportes]]></category>
		<category><![CDATA[Favio Hernández Pippo]]></category>
		<category><![CDATA[salud]]></category>
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					<description><![CDATA[El deporte debería estar dentro de los principales temas de la agenda política. El deporte es una herramienta muy completa para cumplir con muchos de&#8230; ]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>El deporte debería estar dentro de los principales temas de la agenda política. El deporte es una herramienta muy completa para cumplir con muchos de los objetivos de las políticas públicas, políticas que, por cierto, deben estar orientadas al ciudadano (que nadie se olvide, y sobre todo que no lo hagan los que tienen la obligación de tomar decisiones).</p>
<p>Escribe: <strong>Favio Hernández</strong>. Diciembre 2019.</p></blockquote>
<p>Difícilmente lleguemos a visualizar la dimensión de lo que aporta el deporte, si no tomamos en cuenta su intervención de una manera transversal.</p>
<p>La actividad deportiva desde sus distintas facetas, genera turismo, trabajo, salud, seguridad, estilos de vida saludables, impacta directamente sobre la economía, sobre la integración social, crea valores, conciencia social, empleos, etc. Pero sin embargo no se encuentra entre los temas importantes en la agenda de debates en nuestra política nacional.</p>
<p>Quienes estamos en la órbita del deporte tenemos el deber y la obligación de que forme parte de esa agenda.<br />
Todo programa de mejora de la salud, de integración social, de alimentación, de promoción de estilo saludable, de mejora de la calidad de vida, no puede prescindir de la realización de actividad física. Y aquí comienza la odisea cuando se quieren ver los resultados a corto plazo. Cualquier impacto real trasciende cualquier administración, y por lo tanto, es visto como un gasto y no como una inversión.</p>
<p>En los años 60 se hablaba del deporte como ocio. En los 70 como valores. En los 80 como educación. En los 90 como salud. En este siglo se empieza a hablar del deporte como algo imprescindible. El deporte es educación y comienza a entenderse pasando a tener un espacio importante en el ámbito curricular El deporte es salud y de a poco se va asociando con campañas preventivas. El deporte es ocio y de a poco se va asociando con el turismo, empresa, generación de empleos y calidad de vida.</p>
<p>Antes la gente se moría “de repente”, y no se sabía por qué. La sociedad actual sufren más las consecuencias del delito. Y mucho. La ciudadanía ya ha demostrado que sabe lo importante que es el deporte, para todos. Para los hijos por una educación integral. Para los jóvenes por un ocio positivo. Para los adultos que tienen que empezar a cuidarse. Para los mayores que quieren mejorar su calidad de vida.</p>
<p>Hoy tenemos un Plan Nacional Integrado del deporte, después de 100 años, per sin una orientación estratégica. No por eso, en mi opinión, se logra corregir la transversalidad necesaria para llegar a empoderar al máximo las distintas actividades. Sin dejar de reconocer todas las cosas importantes que se han logrado, tenemos que dar el salto de calidad que nos permita trascender lo meramente deportivo.</p>
<p>Se dice por ejemplo que el deporte te ayuda a salir de las adicciones. Cosa más lejos de la realidad&#8230; Sólo se sale con la prevención, la familia y la ayuda de profesionales. El deporte colabora y mucho en lograr entornos saludables. Pero se debe educar y concientizar sobre los impactos negativos que tienen dichas adicciones. Esas son políticas transversales que tendrán que aplicar interactuando varios organismos. Es el único camino para lograr prácticas saludables.</p>
<p>Nuestros adolescentes tienen que tener información brindada por profesionales que ponga en su conocimiento claramente los riesgos, las causas y las consecuencias de estas patologías. Sobre todo cuando esa dependencia se asocia con el delito y aquí sí, el entorno puede y debe ayudar.<br />
Buena iniciativa es traer por parte del Club Juventud Unida, a Horacio ̈Tato ̈ López, un referente del deporte en Uruguay, que plantea el tema desde otro punto de vista. Estoy convencido que por ahí va la propuesta, para crear conciencia en nuestros adolescentes. Facilitar caminos de comunicación y experiencias reales directas para que los profesionales en otras áreas puedan actuar.</p>
<p>El deporte atrae al tejido empresarial y surgen con fuerza inusitada fabricantes de materiales (instalaciones, maquinaria para cronometraje, mantenimiento), productos (nutricionales, atuendo), prestadores de servicios (organizadores de eventos, consultoría, formación) y medios de comunicación. El resultado es un sector en auge, con presencia tanto de la esfera pública como privada y con voz cada vez más destacada en el desarrollo económico. Todo impacta directamente en la salud y calidad de vida. Dinamiza el empleo. Es elemento clave en al ámbito juvenil y para la integración social.</p>
<p>El Antel Arena está pensado en forma transversal y por ahí tienen que ir todas las políticas públicas. ¿Qué tiene que ver una empresa de telecomunicaciones con el deporte? Gente con visión.</p>
<p>Insistimos, insistimos: tenemos que empezar a entender al deporte en forma transversal. Esa es la clave. La clase política debe ser consciente que es una las principales herramientas para lograr una sociedad más integrada, más sana, menos violenta y con mayor autoestima. Está en nosotros como agentes deportivos hacernos escuchar.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
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		<item>
		<title>Planilla Excel</title>
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		<dc:creator><![CDATA[adm]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 28 Nov 2019 00:40:16 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Sociedad]]></category>
		<category><![CDATA[Columna]]></category>
		<category><![CDATA[editorial]]></category>
		<category><![CDATA[política]]></category>
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					<description><![CDATA[Editorial. Por Mariana Rabinovich López. Así nos quedó la cabeza el 24 de noviembre a la noche. Como planilla Excel. Me he reído tanto de&#8230; ]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Editorial. Por <strong>Mariana Rabinovich López</strong>.</p>
<p>Así nos quedó la cabeza el 24 de noviembre a la noche. Como planilla Excel.</p></blockquote>
<p>Me he reído tanto de nervios esa noche y he gritado, como en las de los fallos de Carnaval; (bue, más o menos). O como cuando años ha me interesaban los resultados de los Oscar. Me atacaba el nervio gracioso, temblón, de los velorios. Taquicardias mientras abrían los sobres revelando al triunfador de las ternas. Debería quizás darme vergüenza, pero ni ahí. Algo así sentí el domingo de noche&#8230;</p>
<p>Algunas cosas quedaron tan meridianamente claras tras las elecciones presidenciales Uruguay 2019, que el resultado nos parte pasmosamente al medio. Hemos terminado esta jornada cívica y las horas consiguientes, no muy tristes los derrotados, ni tan felices los ganadores. No hubo lugar para el estallido de festejos salvajes, desgarramientos de vestiduras cual hinchada futbolera tras la cuarta caja de vino y el gol decisivo pasada la hora.</p>
<p>No pudimos sacarnos el gusto –afortunadamente-, de insultar a nuestros prójimos rivales entre vítores enajenados unos, ni llantos desconsolados, los otros. ¿Es posible que la mitad del país piense que lo mejor para todos es un proyecto de gobierno, y la otra mitad, el contrario? Unos piensan que cambiar está bueno. Los otros que lo conseguido ha valido todas las penas, incluso este resultado a cuadritos. Parece que sí. ¿Fue el cínico e irreverente “letrista de Dios” del Carnaval, quien nos mandó a rezar hasta a los ateos, ante la planilla Excel expuesta en cada TV?</p>
<p>El absurdo de Ionesco, la Ley de Murphy uruguaya. Acá en este paisito, podemos estar orgullosos de cosas importantes: al final, no todo da lo mismo. La mayoría de quienes votarían a un Lula, no votarían a un Bolsonaro por rabia. Acá, la mayoría de los ciudadanos no tienen el grado de fragilidad borderline ideológica necesaria para votar a los Kirchner Fernández en una elección, a los Macri en la que sigue, y de vuelta a los Fernández. Porque se entiende –al menos exactamente a medias-, que detrás y antes que los candidatos, están las ideologías. Qué alivio! Y qué desasosiego! En partes iguales. Sí. ¿O no?</p>
<p>El desconcierto ante la pifia de las encuestadoras, a estas alturas en reiteración real durante décadas ya, no debería ser tal. Pero igual se siente. A mí me da bronca. Y desconfianza. Y eso es lo primero que quiero subrayar. ¿Por qué los medios de comunicación –TODOS, sólo con honrosas excepciones aisladas de algún programa o periodista puntual-, hacen la vista gorda haciéndoles el juego a estas empresas, como que no pasa nada y cualquiera se equivoca? Desconfío. Y la verdad no tengo pruebas, pero tampoco dudas. Tienen que ser intereses en común, pautas publicitarias, negocios. No sé los detalles, pero sí que es así.</p>
<p>Otra explicación no puede existir para los “errores” de las encuestadoras, que además siempre vuelcan desbarrancando hacia el mismo bando, resguardándose en falacias técnicas posibles, márgenes de error probables, efectos huracán de última hora generados por alguna declaración demencial de candidato peligroso&#8230; ¿Debería haber dos “Frentes Amplios”? Uno sería el Frente Amplio que ya existe. El otro, el Frente Amplio multicolor. En la histórica segunda vuelta que tuvo lugar ayer, nuevamente se demostró la vocación democrática y el compromiso ciudadano de los uruguayos. No lo digo por chauvinista. Tengo amigos de todos los palos, pelos y temas. Amigos realmente amigos, a los que confiaría mi vida. No sabría decir hoy&#8230; mientras escribo esto, 25 de noviembre, exactamente qué siento&#8230;</p>
<p>La noche de ayer ante la planilla excel compartida con una de esas grandes amigas de la vida y un par de cervezas, me dejó aplanada de sorpresa y ansiedad&#8230; Hoy, quizás lo más importante que tengo para compartir sea algo así: Estoy orgullosísima de ser coherentemente uruguaya. Es un alivio. El respetuoso resultado de esta elección. Me parece lógico e ideológicamente digno. ¡Vamos por más!</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
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		<title>Harina de padre</title>
		<link>https://consentidomedios.uy/harina-de-padre/?utm_source=rss&#038;utm_medium=rss&#038;utm_campaign=harina-de-padre</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[adm]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 13 Nov 2019 16:13:56 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Columnas]]></category>
		<category><![CDATA[Columna]]></category>
		<category><![CDATA[Fabio Guerra Correa]]></category>
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					<description><![CDATA[Cápsulas josefinas (II). Escribe: Fabio Guerra Correa. Fue ver el cartel que dice “Panadería El Pescador” y entrar a preguntar si vendían merluza, además de&#8230; ]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Cápsulas josefinas (II).</p>
<p>Escribe: <strong>Fabio Guerra Correa</strong>.</p>
<p>Fue ver el cartel que dice “Panadería El Pescador” y entrar a preguntar si vendían merluza, además de ojitos. “Es panadería y perteneció a mi suegro; cuando la compró ya tenía ese nombre”, dijo Valeria, detrás del mostrador. Delante del mostrador, cubriendo una pared entera, está su suegro, “el Barullo”, leyéndole un libro a una niña. Concentrado y, a la vez, semisonriente.</p></blockquote>
<p>Pescador sorprendido por un pique. Dice Daniel, su hijo adoptivo, esposo de Valeria y actual responsable de la panadería, que aunque al Barullo le gustaba pescar no la bautizó así por su afición, sino por respetar un nombre heredado.</p>
<p>A media cuadra de donde en 1974 el Barullo abrió la panadería El Pescador, vivía Daniel con su madre y cinco hermanos. Dos por tres él y sus hermanos chicos aguardaban, levitando en el aroma que una ventana desprendía, bizcochos de regalo.</p>
<p>Una mañana el Barullo invitó a Daniel a entrar y le encomendó una tarea. “Echar pan adentro de una bolsa, me pidió; yo tenía 9 años”, recuerda. Al tiempo la madre, desbordada por dificultades, decidió internar tres hijos en un hogar del Consejo del Niño. Daniel figuraba entre los elegidos, pero nunca llegó al hogar. “Waldo Andrés Mora, alias Barullo, y su esposa, Olga Martínez, me llevaron a vivir con ellos, hasta hoy”. “Hasta hoy”, afirma Daniel, como si estuviéramos sentados en el living de la casa del Barullo, pasándonos un mate. En realidad su padre adoptivo y Olga fallecieron hace rato, y él tiene 54 años, dos hijas y una hermanastra, Mónica, que le brinda afecto de hermana de sangre.</p>
<p>Ambos cuidaron al Barullo durante los cuatro años que resistió una enfermedad. Gustan revivir, a menudo, las virtudes del veterano. Comenzando por la bizarría. “Compró la panadería sin haber sido, nunca, panadero; era vendedor”, anota Daniel.</p>
<p>Dotado de un humor a prueba de tristes, piropeaba a diestra y siniestra y reía porque sí, de sano que era. “Cuando terminábamos, los domingos, nos íbamos a pescar y yo siempre creyendo que el nombre de la panadería era porque le gustaba la pesca. Un día me atacó la curiosidad, le pregunté por el nombre y contestó: “&#8217;No sé, la agarré nombrada&#8217;. Qué fenómeno”.</p>
<p>Daniel describe ingredientes que usó el Barullo para leudar su personalidad. “Buen hombre, excelente compañero, sensacional amigo, me enseñó muchas cosas; sobre todo, a caminar en la calle”.</p>
<p>Hay coincidencias que caminan por nuestras calles interiores, encendiendo luces. Daniel trabaja toda la madrugada en la panadería El Pescador, y de 13 a 21 horas en el Molino San José.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
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		<title>Domingo húmedo de insegura primavera</title>
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		<dc:creator><![CDATA[adm]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 10 Nov 2019 17:28:02 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Arte y Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Columnas]]></category>
		<category><![CDATA[Columna]]></category>
		<category><![CDATA[Dara Komabo]]></category>
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					<description><![CDATA[Como en el rostro de un niño las lágrimas hacen pequeños senderos líquidos y se deslizan hacia abajo, así, en la ventana del viejo café,&#8230; ]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Como en el rostro de un niño las lágrimas hacen pequeños senderos líquidos y se deslizan hacia abajo, así, en la ventana del viejo café, el agua de lluvia escurría en ridículos riachuelos y entraba por el borde de la madera que estuvo pintada de verde inglés un montón de años atrás. En ese borde se amontonan las gotas para filtrarse adentro. El viento sacude los cristales. Todos pensaron quedarse en sus casas pero vinieron. Como los paraguas de esos fieles creyentes que caminan presurosos hacia el atrio, enfrentando el viento que quiere darlos vuelta o levantar alguna falda que agarre distraída o, en complicidad con ese auto que pasa rápido y contra el cordón, mojar algún distraído. Que nunca faltan, por cierto, distraídos y distraídas hasta para concurrir a misa. Ellos están también en su propio templo, refugio de creencias en vías de extinción.</p>
<p>Escribe: <strong>Dara Komabo</strong>.</p></blockquote>
<p>No hace tantos años ocupaban 3 o 4 mesas y hasta más. Eran una barra bulliciosa que se peleaba a los gritos por el cuadro o la piba de sus amores y hasta por la política. Pero eso menos, claro. Jugaban al truco, al mus, al tute de remate, las damas o el ajedrez. Las tenidas de dominó, que solían durar horas, eran un memorable recuerdo. Como tantas cosas, si acaso, recuerdos. Ahora intentaban amucharse, los 4 o 5 veteranos que iban quedando, alrededor de una mesa, junto a la ventana que da a la plaza, para lechucear la entrada a misa.</p>
<p>Desde hacía algún tiempo un nuevo parroquiano concurría al café. Pronto habían averiguado algunas cosas sobre el forastero extraño que saludaba con una breve inclinación de cabeza. Mirada enigmática la de esos ojos siempre entrecerrados en el marco de un rostro inmutable y bajo la sombra de un viejo sombrero de fieltro y copa redonda.</p>
<p>El negro jefe o el indio jefe parece que le decían en Cerro Largo de donde era oriundo. Tenía el pelo negro y enrulado; de complexión robusta, se le notaba en el caminar que era hombre de a caballo. -Tiene los pómulos salientes. &#8211; Se le nota la raza. &#8211; Sí. ¿Cuál? &#8211; Todas. &#8211; Tiene la mirada astuta y alerta del perro callejero&#8230; Pronto la curiosidad pudo más que ese indefinido &#8216;sentirlo diferente&#8217;. Ellos eran nietos o hijos de inmigrantes: gallegos, vascos, tanos&#8230; Rafael era nieto de un rumano que se casó con una &#8216;rusa&#8217; proveniente de Odesa. La otra abuela, de exquisita cultura &#8211; dicen que venía de una familia judía de burgueses adinerados -, del otro abuelo no estaba clara la procedencia.</p>
<p>El padre de Rafael era argentino y la madre yanqui. Sí, su madre nació en los mismísimos EE. UU. Muchas veces hablaron de patrias y pertenencias -de raíces lejanas- estos amigos de tan distintos orígenes. Lo cierto es que, un buen día, organizaron una delegación y lo invitaron a compartir la mesa de los domingos. &#8211; Se va a sentir como sapo de otro pozo. &#8211; Se va a sentir bárbaro. &#8211; Depende de nosotros. Y así fue como el taciturno personaje se incorporó a la rueda.</p>
<p>Temible con la baraja resultó el hombre, que parecía conocerlas por el lomo. Jugaba a las damas y muy bien, por cierto. Al ajedrez no. Nunca jugó. Si venía bien la mano se juntaban entre semana para practicar alguno de aquellos deportes y &#8216;El Jefe&#8217; como le apodaron, se entreveraba bien. Hablaba poco pero era rápido para retrucar, incisivo, cortante, con un humor oscuro y diferente, que encantaba a sus nuevos amigos.</p>
<p>Un día, el Jefe apareció con una caja &#8216;medianona&#8217;. De allí sacó, ante la expectativa generalizada, dos tazones de madera dura llenos de piedritas. En uno blancas y en el otro negras. También había en la caja un cartón doblado en cuatro, con una sencilla cuadrícula de 64 intersecciones por lado. Las reglas del milenario juego chino resultaron tan sencillas que todos quedaron jugando de inmediato. Pero como suele suceder detrás de las cosas sencillas se ocultan, cómodas, las más enigmáticas complejidades. Pronto se dieron cuenta que &#8216;dominar el territorio&#8217;, objetivo del juego, requería de un sentido estratégico, metódico y paciente.</p>
<p>Las complejidades del nuevo juego atraparon a los contertulios y llamaban la atención de quienes pasaban por allí. Hay que decir que el café subsistía porque en la puerta paraban los buses que atravesaban el pueblo. Los que iban del sur al norte y los que bajaban del norte rumbo a la capital. Para el este o para el oeste, prácticamente no había transporte público. La gente venía a esperar la salida o la llegada y se tomaba un cortado con alguna medialuna rellena, los más pudientes un capuchino con un &#8216;sanguiche caliente&#8217;. Bizcochos y agua caliente p&#8217;al mate era el menú más accesible. En el Café la rueda del Go se expandía. Venían veteranos, maestras jubiladas y jóvenes estudiantes, trabajadores, vecinos&#8230;</p>
<p>Todas y todos parecían querer aprender el nuevo juego, que con miles de años de historia, era la &#8216;novedad&#8217; en nuestra ciudad. De vez en cuando aparecía alguien que decía saber jugar y a nadie se le negaba el placer de un desafío. El Jefe daba cuenta de todos y todas, porque también había mujeres que lo jugaban. Un día, se bajó de un coche que venía de Young un hombre viejo, de notorias facciones orientales que fue al baño y al salir percibió la rueda y vio que estaban disputando una partida de Go. El guarda lo llamó con insistencia. Absorto en el análisis de la situación que mostraba el tablero, el pasajero no le contestó. Con un gesto, entre fastidio y sorpresa, bajó el bolso de su pasajero, lo dejó en el piso y con un encogerse de hombros se marchó.</p>
<p>Terminó la partida, hasta donde pude entender: bastante pareja. El chino se acercó y saludo con un breve gesto a nuestro &#8216;maestro local de Go&#8217;. El desafío estaba planteado y un par de horas después, todos nos sentíamos marginados por las inabarcables complejidades de la partida. Por el rostro de El Jefe se deslizó una gota de sudor. La concentración que reflejaba el ceño fruncido de su oponente era absoluta. Entonces el chino se paró, saludó al Jefe con una inclinación profunda del torso, éste devolvió el saludo de idéntica manera. Se separaron con profundo respeto y en perfecto silencio. Nunca se supo quién ganó esa partida. Al Jefe no lo vimos más por el café. Tampoco por el pueblo.</p>
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		<title>Concéntrate más en acentuar lo positivo</title>
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		<dc:creator><![CDATA[adm]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 05 Nov 2019 22:24:23 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Columnas]]></category>
		<category><![CDATA[Columna]]></category>
		<category><![CDATA[Favio Hernández Pippo]]></category>
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					<description><![CDATA[Estudios demuestran que la gente reacciona a las críticas de manera positiva sólo una de cada trece veces. Por críticas se entiende cierto feedback negativo&#8230; ]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Estudios demuestran que la gente reacciona a las críticas de manera positiva sólo una de cada trece veces. Por críticas se entiende cierto feedback negativo que recibe alguien luego de algún desempeño o resultado. En el ritmo del mundo en que vivimos, tenemos cada vez más pensamiento que no apoyan nuestro desempeño. Se puede trasladar la misma idea a los comentarios ajenos, sugerencias y el feedback general que recibís de los que te rodean. Estás constantemente preocupándote, imaginando lo peor. Te criticás y te critican. Si lograras callar esa voz interna y concentrarte más en acentuar lo positivo, harías una gran diferencia en tus pensamientos y esto se reflejaría en los resultados.</p>
<p>Escribe: <strong>Favio Hernández</strong>.</p></blockquote>
<p>Una prueba de eso es la increíble historia de Cliff Young y aquí se las dejo: Cada año Australia es anfitrión de una carrera de resistencia de 875 Kilómetros. Esta mega carrera, de Sidney a Melbourne, es considerada el ultra maratón más largo y duro del mundo. Es una carrera difícil que toma cinco días completar. Normalmente de ella participan atletas de clase mundial, especialmente entrenados para este evento.</p>
<p>Patrocinados por grandes compañías deportivas como Nike, Reebok, Quiksilver, etc., estos atletas jóvenes vienen equipados con los más costosos accesorios y trajes deportivos. En 1983, éste grupo de corredores recibió una gran sorpresa. El día de la carrera, se presentó un hombre llamado Cliff Young. Al comienzo, a nadie le importó, ya que pensaban que este personaje quijotesco vino a observar el evento. Su aspecto era insólito, sin dientes delanteros, de 61 años de edad, vistiendo el atuendo de un granjero, “overalls” y botas de trabajo. Al acercarse Cliff a recoger su número, era obvio que tenía la intención de correr.</p>
<p>Iba a unirse al grupo de 150 atletas de clase mundial y competir! Lo que no se imaginaban los otros corredores era que su único patrocinante era su madre de 81 años. Todos se sorprendieron al ver a éste hombre de 61 años de edad alinearse con el grupo a la hora de la salida. Los reporteros comenzaron a hacerle preguntas. &#8211; “¿Quién es usted y qué hace aquí?.” &#8211; “Soy Cliff Young. Tengo un rancho ovejero en las afueras de Melbourne y persigo ovejas.” -“¿Cómo sabe usted que puede soportar ésta carrera?.” &#8211; “Claro que puedo. Verán, crecí en una granja donde no podíamos costear caballos ni vehículos rústicos, así que, durante gran parte de mi vida, tuve que arrear las ovejas, teníamos 2000 ovejas en 2000 acres de terreno. A veces tenía que perseguir las ovejas por 2 o 3 días seguidos. Tomaba mucho tiempo, pero al final las alcanzaba. Por eso sé que puedo soportar esta carrera, solo son dos días más. ¿Cinco días? He corrido ovejas por tres.”</p>
<p>Al comenzar el maratón, los profesionales dejaron atrás a Cliff. La multitud reía por la forma peculiar de correr de Cliff. Toda Australia estuvo pendiente de este granjero de 61 años de edad, rezando para que alguien detuviese al viejo loco. Creían que moriría antes de terminar la carrera a Sydney. Todos los competidores sabían que la carrera duraría alrededor de 5 días, y que, para tener posibilidad de ganar, se debería correr 18 horas diarias y dormir 6. Pero el viejo Cliff no sabía esto.</p>
<p>Al segundo día de la carrera, los espectadores quedaron sorprendidos porque Cliff todavía estaba en la carrera, había corrido 24 horas seguidas. Al llegar a la ciudad de Albury le comentó a los periodistas que su táctica era correr seguido durante toda la carrera! Siguió corriendo, acortando la brecha cada noche del grupo líder. Al amanecer del quinto día, Cliff Young era el primer corredor de la carrera.</p>
<p>No sólo completó la carrera de Melbourne a Sydney a los 61 años, sino que rompió el record por 9 horas. Se convirtió en un héroe nacional. Había terminado una carrera de 875 Kilómetros en 5 días, 15 horas. No sabía que debía descansar en la carrera, se imaginaba que corría ovejas en su rancho. Al recibir el premio de 10,000$ dijo que no sabía que había un premio y que él no había competido por dinero. Otorgó 2,000$ a cinco corredores que el consideró que se habían esforzado más que él.</p>
<p>Este acto lo llevó a ser la persona más querida de toda Australia: el humilde granjero que enfrentó una proeza extraordinaria y se volvió una leyenda.</p>
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		<title>Sombra sin cuerpo</title>
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		<dc:creator><![CDATA[adm]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 02 Nov 2019 18:39:27 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Columnas]]></category>
		<category><![CDATA[Columna]]></category>
		<category><![CDATA[Mirtana López]]></category>
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					<description><![CDATA[Las Cartas que no llegaron. Germano de Melo es un muy joven portugués republicano que, en la última década del siglo XIX, emigra a Mozambique,&#8230; ]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Las Cartas que no llegaron.</p>
<p>Germano de Melo es un muy joven portugués republicano que, en la última década del siglo XIX, emigra a Mozambique, colonia africana, en su carácter de desertor o militar castigado. Junto a Imani, la joven negra, es personaje central de la “Trilogía de Mozambique”, de Mía Couto.*</p>
<p>Escribe: <strong>Mirtana López</strong>.</p></blockquote>
<p>Pero además, por cómo está organizada la novela, a través de sus cartas, es relator fundamental de los sucesos. A tal punto que en el Libro primero, “Mujeres de ceniza”, cada una de esas cartas conforma un capítulo hasta llegar a catorce, intercalado, prolijamente, con las historias más libres que va recreando Imani.</p>
<p>Al ritmo de esa alternancia de relatos irá surgiendo una realidad absolutamente sorprendente para nosotros, desconocedores de aquellas culturas que fueron obligadas a convivir en una violencia doblemente militarista: la de los colonizadores portugueses con resabios británicos y la de las etnias originales enfrentadas desde siempre, pero entonces hostigadas y deslumbradas por los europeos.</p>
<p>De esas cartas, 13 están dirigidas a `José d&#8217;Almeida, excelentísimo señor consejero&#8217;. La última, la número 14, al `Excelentísimo señor teniente Ayres de Ornelas&#8217; quien será el interlocutor de la Segunda Parte, ¨La espada y la azagaya¨, siempre intercaladas con los capítulos que contienen las historias y reflexiones de Imani. Todas las misivas dirigidas a d&#8217;Almeida, fueron recibidas, leídas y valoradas por este Teniente de Ornelas, quien comienza a contestarle cuando de Melo aún continúa escribiéndole al otro, aún a sabiendas de no ser leído. “… Ahora bien, nuestro consejero es completamente hostil a cartas y telegramas. Desde lo alto de sus dos metros, Almeida se encoge de hombros, entorna unos ojos claros que contrastan con su barba oscura y proclama: &#8216;No voy a leer nada´ Y así se justifica: &#8216;Nadie me puede sorprender. De la ciudad de Lourenço Márquez solo me envían amonestaciones; del interior, apenas unas cuantas estupideces&#8217;.”</p>
<p>Quiere decir que toda la primera parte de la trilogía está construida sobre la base de historias que son enviadas a un receptor que no es tal; que no las lee. Este personaje que parece despreciar la lectura, es José d&#8217;Almeida, militar y político que llegó a la Presidencia de Portugal por el Partido republicano portugués. ¿Hay un doble mensaje de parte del autor, Mía Couto? ¿Es un buen recurso narrativo para evitar las incongruencias entre el individuo real, histórico, pesquisable, y éste, el de la ficción? Por otra parte: ¿Qué cosas entendía necesario contar Germano de Melo a su superior José d&#8217;Almeida? ¿Cuánto había de sinceridad en sus relatos y cuánto de astucia a la espera, quizás, de una importante protección? ¿Cómo se habían encadenado esas historias que, sin embargo, nunca habían recibido ninguna respuesta? ¿Nosotros, como lectores, vamos siendo conscientes del monólogo epistolar del sargento?</p>
<p>Estas y otras, son preguntas que nos hacemos recién cuando llegamos a la segunda novela y nos replanteamos al culminar “El bebedor de horizontes”, la tercera. Fueron cartas cuyo destinatario no leyó; que encontraron atención en su ayudante cuyas respuestas ayudaron a su emisor a enfrentar la vida. Pero en definitiva, fueron el recurso narrativo de un hábil novelista para armar un mundo de historia ficcional que refleja una de las realidades más dolorosas de la colonización portuguesa en África.</p>
<p>*`Me llamo Imani. El nombre que me pusieron no es un nombre. En mi lengua materna Imani significa “¿quién es?”. Llaman a una puerta y, al otro lado, alguien pregunta: ¿Imani? Fue esa pregunta la que me dieron por identidad. Como si yo fuera una sombra sin cuerpo, la eterna espera de una respuesta.&#8217;</p>
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		<title>La Duda</title>
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		<dc:creator><![CDATA[adm]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 02 Oct 2019 15:36:22 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Columnas]]></category>
		<category><![CDATA[Deportes]]></category>
		<category><![CDATA[Columna]]></category>
		<category><![CDATA[deportes]]></category>
		<category><![CDATA[Roberto Soria]]></category>
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					<description><![CDATA[Escribe: Roberto Soria. Octubre 2019. Aprovechó unos días de licencia y sin comentárselo a nadie -menos a los de “la barra”-, fue a “probarse” porque&#8230; ]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Escribe: <strong>Roberto Soria</strong>. Octubre 2019.</p>
<p>Aprovechó unos días de licencia y sin comentárselo a nadie -menos a los de “la barra”-, fue a “probarse” porque en el club de sus amores precisaban un delantero “neto”.</p></blockquote>
<p>Sin esperar el resultado, nadie mejor que uno para darse cuenta de cómo le salen las cosas, llegó cansado, con bronca, se tiró en la cama y en pocos segundos se quedó dormido. Una voz lo llamó muy bajito: _ “Patricio, Patricio&#8230; estoy aquí, al lado tuyo, soy el que te compraste en el Chuy hace dos años cuando fuimos en la excursión a beneficio de la Escuela 45. Patricio, ¿vos creés que yo no escucho, vos creés que yo no sufro?. ¿Vos creés que no me altero y festejo con los triunfos? Por eso ahora que con bronca me tiraste en un rincón, que hace no se cuánto las vendas y las medias están mojadas,m los zapatos llenos de barro, vos que los viernes antes de los partidos me limpiabas, me ponías algún “chiche” nuevo&#8230; Decime: ¿Tengo yo la culpa de los errores y los horrores que todos cometieron? ¿Tengo yo la culpa de los goles que se “comió” el golero? Tengo yo la culpa de los goles que erró el puntero? Anoche, cuando llegaste triste porque no te citaron “pal primero” y estuviste media hora con la mirada clavada en el suelo, yo te miraban y pensaba compañero ¿por qué no me cambiás el uso?. Limpiame cuanto antes, agarrá para las ocho horas, termo, mate, alguna buena milanesa, veremos los dos las cosas diferentes&#8230;</p>
<p>Reinarán en el laburo nuevas alegrías y cuando se arme “el picado” y cupes tu viejo puesto, sonreirás por los goles errados, por los “fules” hechos y yo me veré libre de estas humedades y de estos silencios. Volverán a lucirse mis cuatro colores y te prometo que en un rinconcito quedarán para siempre aquellas locas intenciones tuyas de que te citaran &#8216;pal primero&#8217;.”</p>
<p>Lo despertó el golpesito de la ventana. Estaba vestido. La de “40” iluminaba poco. ¿El bolso lo interrogaba? Salió a dar la vuelta de siempre. El quiosco, el boliche, los amigos, de última hora las noticias, dudaba&#8230; dudaba&#8230;: _ ¿Preguntaré? ¿No me tomarán el pelo?. No quiso tomar nada.</p>
<p>Al despedirse, al más “intelectual” de la barra le preguntó: _ ¿Vos creés en los sueños? No esperó contestación. Salió chiflando bajito. Dentro de pocas horas llegaba el lunes y había que “marcar tarjeta” temprano.</p>
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		<title>El justo medio</title>
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		<dc:creator><![CDATA[adm]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 30 Sep 2019 17:43:12 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Columnas]]></category>
		<category><![CDATA[Columna]]></category>
		<category><![CDATA[david rabinovich]]></category>
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					<description><![CDATA[Cuando las ideas no fluyen, puede ser una buena inspiración la Wikipedia y otras fuentes que Google pone a nuestro alcance. Con palabras prestadas acometo&#8230; ]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>Cuando las ideas no fluyen, puede ser una buena inspiración la Wikipedia y otras fuentes que Google pone a nuestro alcance. Con palabras prestadas acometo entonces el intento de escribir algo Con Sentido.</p>
<p>Por: <strong>David Rabinovich</strong>. Setiembre &#8211; Octubre 2019.</p></blockquote>
<p>En la Revolución Francesa (1789- 1799) los &#8216;Girondinos&#8217; quedaron enfrentados a los &#8216;Jacobinos&#8217;. Los girondinos representaron a la alta burguesía y querían evitar una mayor participación de los trabajadores urbanos y rurales en la política. Los jacobinos se formaron con la burguesía inferior y la porción pobre de la población, proponiendo una mayor participación popular en el gobierno. La realeza había sido derrotada y guillotinada, el clero había perdido casi por completo su enorme poder. Pero ¿dónde estaban las clases medias en la Revolución que inicia la Época Moderna?</p>
<p>Fue durante la Revolución francesa que comenzó a usarse la ubicación en el espectro político, denominando droite (&#8220;derecha&#8221;) a los partidarios de conservar el estado previo de la organización política, social y económica (el Antiguo Régimen) y gauche (&#8220;izquierda&#8221;) a los partidarios de transformaciones rápidas, radicales y violentas (la Revolución). Ese uso deriva del hecho de que en la reunión de la Asamblea Nacional del 28 de agosto de 1789, cuando se debatían las funciones que se reservaban al rey en la monarquía del Nuevo Régimen, los partidarios de dotarle de poderes decisorios (a través del veto) se sentaron a la derecha, y los contrarios se sentaron a la izquierda. La Wikipedia no me cuenta que en el centro hubiese algo.</p>
<p>Parece que antes, en grandes asambleas, se ubicaba la nobleza a la izquierda del rey, el clero a la derecha y al llamado &#8216;Tercer Estado&#8217; de frente. Los diputados más radicales se sentaban en la zona superior; eran llamados la Montaigne (&#8220;la Montaña&#8221;) o montagnards (&#8220;montañeses&#8221;).</p>
<p>Aunque la Montaña se apoyaba en las clases medias (burguesía urbana de comerciantes, industriales y profesiones liberales) y bajas (los llamados sans culottes (&#8220;sin calzones&#8221;) cabe aclarar que, en aquellas turbulentas épocas, ni los campesinos ni la gente pobre de las ciudades consideraba siquiera presentarse para ocupar un cargo en las Asambleas. A la mayoría de los diputados del tercer estado (unos cuatrocientos), que se sentaban en la parte baja de la cámara, cuya postura política no estaba determinada y oscilaban entre jacobinos y girondinos, se les denominaba la Plaine o la Marais (&#8220;la Llanura&#8221; o &#8220;el Pantano&#8221;).</p>
<p>¡Acá está el &#8216;centro&#8217; político! No podía faltar, claro. Ya en aquel magma cívico parece que izquierdas y derechas se disputaban los favores del centro, intentado volcar las posturas del medio hacia alguno de los extremos que a veces iba para un lado, otras hacia el contrario.</p>
<p>El término medio, en una de sus acepciones más comunes, representa la mitad de algo. También está en el medio -como jueves en medio de la semana- quien está siempre estorbando o en el lugar más inoportuno. A pesar de ello, en política muchos prefieran definirse como de centro, lo que significa estar en el medio precisamente. Aunque ser mediocre no es una virtud y no está bueno ser medio inteligente o medio honrado.</p>
<p>En ciencia política, se conoce por centro al conjunto de partidos, políticas e ideologías que se caracteriza por considerarse a sí misma intermedias en el espectro político, en cierta medida equidistantes a posiciones tanto de derecha como de izquierda. Dante, en su Divina Comedia, deja fuera del infierno aquellos que nunca se comprometieron, las almas de quienes jamás hicieron algo bueno o malo no tienen lugar en el paraíso ni en el purgatorio, ni siquiera en el infierno.</p>
<p>Tengamos en cuenta que el poema se inicia el viernes santo de 1300. Estas almas que no están en el Infierno ni fuera de este, en las orillas del Aqueronte tienen su castigo en perseguir eternamente una bandera en blanco mientras son atacados por abejas y avispas que continuamente los pican, mientras gusanos y otros insectos succionan su sangre y lágrimas. Este castigo se debe a que en vida no fueron capaces de embanderarse con ninguna causa; ahora deben correr detrás de un estandarte vacío acicateados por un suplicio continuo. Ya hace más de 500 años que Dante así lo describió.</p>
<blockquote><p>Imagen: Alonso Cano.</p></blockquote>
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